Buen Día

Siete y media de la mañana.
El último borracho que quedó de anoche, dormitando en un banco de la Plaza de Armas, abre un ojo y trata de reacomodarse ante un rayo de sol que lo despierta pegándole en toda la cara. Un poco más allá un perro se rasca tratando de sacarse una de las mil pulgas que habitan su esquelético cuerpo. Mientras tanto un lisiado se va acomodando en una rincón de la esquina, extiende un trapito para sentarse, acomoda las muletas a un costado y prepara una latita para las monedas. Se empiezan a escuchar unas notas sueltas de lo que parece ser una guitarra hecha con un cajón de manzanas y unas cuerdas de nylon viejas y se siente el olor a bolsas de basura tibia, que quedaron tiradas en la vereda. Un punga divaga por la calle tratando de pasar disimulado mientras se limpia las lagañas con el puño sucio de su buzo. Un tipo corre al indigente que duerme en la puerta de su negocio para poder abrir la persiana y un viejo con olor a viejo se para en la puerta del banco para estar primero cuando abra y cobrar la jubilación, para poder pagar el gas. Llega un micro a la parada del cual se baja una horda de gente casi corriendo para llegar primero a la fila del próximo medio de transporte en el cual tienen que viajar media hora para llegar a sus trabajos, cargando con el sueño de la salida de ayer.
Ya son las 8. Otro magnífico día comienza en esta hermosa ciudad.
Editado: le cambié algunas partes el 14/7, por si alguien lo leyó antes, jaja. Licencias de autor...
Etiquetas: Los Cuentos del Tío Pablo






